La batalla de San Romano (Paolo Uccello)

Batalla de San Romano

Autor: Paolo Uccello
Fecha: h. 1450
Museo: National Gallery, Londres
Características: 181,6 x 320 cm.
Material: Temple sobre tabla
Estilo: Renacimiento (Quattrocento)

La batalla de San Romano o La derrota de san Romano (en italiano, Battaglia di san Romano) es un tríptico o conjunto de tres pinturas, obra del pintor italiano Paolo Uccello. Está realizado con temple al huevo sobre tabla y actualmente se conserva disperso en tres museos: National Gallery de Londres, Louvre de París y Galería de los Uffizi de Florencia.

Analisis de la Obra

Este cuadro, pintado probablemente para ser colocado en una sala del palacio de los Médici-Riccardi, representa un episodio de la historia de Florencia, del que aún se hablaba cuando se pintó la obra: la batalla de san Romano, el 1432, cuando las tropas florentinas, capitaneadas por Ciccolò da Tolentino vencieron a sus rivales milaneses, liderados por Bernardino della Carnia, mercenario de Filippo Maria Visconti. Ocho horas de lucha dieron el triunfo a las tropas de los Médicis, sin que durante la batalla se produjera un solo muerto.

Una primera ojeada puede dar la impresión de tratarse de una obra bastante medieval. Estos caballeros con sus armaduras y sus largas y pesadas lanzas, cabalgando como en un torneo, nos pueden recordar las Crónicas de Froissart. Tanto los hombres como los caballos parecen de madera, como si se tratara de juguetes y, en conjunto, el cuadro parece ser muy distante de la realidad de la guerra.

Pero si nos preguntamos por qué estos caballos parecen sacados de un “tio vivo” y la totalidad de la escena casi como una función de títeres, quizás hagamos un curioso descubrimiento. Sucede así, precisamente, porque el pintor se encontraba tan fascinado por las nuevas posibilidades de su arte, que hizo todo lo posible para que las figuras se recortasen en el espacio como si hubiesen estado talladas más que pintadas.

“La utilización de un tema que en principio parece exigir una representación “naturalista”, como pretexto para una investigación de índole casi abstracta sobre la naturaleza del espacio, le condujo a la configuración de un mundo forzosamente extraño por cuanto comportaba el desprecio de los datos sensibles. Lanzas, cascos, caballos y soldados se disponen sobre la superficie pictórica como datos previos de una ecuación matemática para cuya resolución se hiciera necesario reducir a términos fijos un determinado número de variables. Los caballos adquieren una dureza de cartón piedra, los contornos asumen una rigidez cortante y ello, junto a la esplendente policromía -aquí y allá de tonos planos y arbitrarios-, acaba por producir una atmósfera surreal. Quizá no ande desencaminada la idea de Heydenreich y el pintor intentara conseguir aquí un género nuevo de decoración mural inspirándose en los tapices o en los trabajos de taracea, pero en éstas más que en cualesquier otras obras, lo que se hace evidente es que Uccello se mueve en el campo de lo puramente mental y no en el de las sensaciones.” (Alvarez Lopera, J., ob., cit., pág. 103)

Se decía de Uccello que el descubrimiento de la perspectiva le impresionó tanto, que se pasaba los días y las noches dibujando objetos escorzados y planteándose nuevos problemas. En este cuadro podemos apreciar un poco este embelesamiento. Evidentemente, Uccelo se esforzó mucho en reproducir las distintas piezas de la armadura que están en el suelo en correcto escorzo, así como las patas del caballo que da coces y el guerrero que está en tierra en la zona inferior derecha.

En todo el cuadro podemos hallar testimonios del interés que tenía Uccello por la perspectiva; incluso las lanzas rotas del suelo están puestas de manera que apuntan hacia su común “punto de fuga”. Esta colocación matemáticamente precisa es en cierta manera responsable de la apariencia de artificialidad del escenario en el que parece desarrollarse la batalla.

De hecho, las tres versiones que Uccello hizo de esta batalla (las otras dos están en el Louvre y en la National Gallery de Londres) no son más que representaciones de torneos, son la escenificación de un torneo. Los torneos tienen un marcado carácter de representación ritual del espíritu caballeresco, y las batallas de Uccello tienen un carácter conmemorativo basado en la exaltación de los valores caballerescos del héroe en la historia. Y Uccello entiende la representación como un espectáculo, y por ello recurre al teatro como fuente de inspiración. Así, los suelos, en los ejemplos de Londres y Florencia, aparecen como tablados de un escenario, y los fondos de paisaje -de los que se ha subrayado su carácter conservador porque desarrolla una visión de la natualeza según la forma de un plano perpendicular al suelo- simulan los decorados de la escenografía de la representación. En ambos ejemplos, el grupo de guerreros que llega por la derecha al escenario no está resuelto de forma correcta: existe una desarticulación entre el fondo plano del paisaje y la idea de profundidad que marca la entrada en escena de este grupo. Pero ello es debido al carácter teatral de la representación: no se trata de representación literal de un tema teatral, sino de la escenificación pictórica de un tema histórico y conmemorativo.

La luz y el objeto alcanzan un acentuado nivel de irrealidad, pero ello no supone entender la luz como fenómeno metafísico y simbólico a la manera medieval, sino como el efecto de lo que podríamos llamar luz escénica. Ya hemos comentado que las “batallas” se nos mostraban como la representación de un torneo, entendido a manera de escenificación teatral, y la luz tiene también este sentido; pero, además, su función primordial es la de establecer una configuración volumétrica y particular del objeto y la figura en el espacio.

Los objetos aparecen aislados, delimitados en su propio valor lumínico, y cumplen una función estructural, porque sirven como elementos a través de los cuales se desarrolla toda la trama perspectiva del escenario. Así, por ejemplo, los objetos que están distribuidos por el suelo constituyen las clave-memoria del problema perspectivo.

Una manera de hacer dibujística (los cubistas lo considerarán como un lejano precursor, con sus imágenes tanto más verdaderas cuanto menos verosímiles), unas líneas incisivas, seguras y continuas, que le sirven de guía para la aplicación del color, y un empleo de éste en superficies planas, cuyas oposiciones producen un efecto parecido al del mosaico, nos definirían su técnica.    

   

Triptico de la Batalla de San Romano

web.quattrocento@gmail.com

fuente: 

Alvarez Lopera, José, y Pita Andrade, José Manuel (1991), La Pintura: de la Prehistoria a Goya. Tomo 5 de la Historia del Arte. Barcelona. Carroggio S.A. de Ediciones.
Argan, G.C. (1987), Renacimiento y Barroco. I. De Giotto a Leonardo da Vinci. Madrid. Akal.

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~ por quattrocento en mayo 4, 2010.

2 comentarios to “La batalla de San Romano (Paolo Uccello)”

  1. Hola, muchas gracias por las publicaciones que viertes en tu blog, es muy importante esto.
    Espero que estas felicitaciones te alienten a continuar con otros post que siempre son bien recibidos, estaré siguiendote para recibir las nuevas publicaciones.
    Saludos

    Sergio

  2. Fue una clase de pintura lo expresado en el análisis hecho sobre la obra de Uccello. Ahora entiendo mejor la novela de Pérez Reverte : El pintor de batallas.Gracias.
    Margarita Iguina

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